| Daulatpur–Saturia tras el tornado de 1986 |
¿Qué diferencia hay entre un panegírico y una elegía?, me pregunto,
mientras intento procesar que debo aprender a despedirme de él.
De él que está, pero muchas veces ya no está y está otro con
el traje de Edgar. Sí, pienso en películas. Siento en escenas. Lloro en
secuencias cinematográficas. Soy una frívola. No. Soy alguien que intenta
sobrevivir a un duelo que no lo es, pero lo es. Un naufragio sin agua, solamente
esta que cae en cada despedida. Antes era un duelo. Ahora son dos. Extraños que
colonizan el amor.
Gente que te mira y a veces ya no entiende nada. Personas
que se sienten culpables de todo. Personas vulnerables a las que a veces ya no
puedes ayudar. Porque no vienen en pateras. Ni a nado desde una dictadura. A
aquellas sí las podemos ayudar.
Pero hay algunas a quienes ya no. Personas de las que
debemos despedirnos. En vida. Con abrazos. Con silencios, si son mejores que la
alternativa. Llevan una maleta, quieren irse. A veces con tantas ganas que debemos
aprender a solarlas.
Soltar a quien ya no está. Y salvar a quienes nos piden ayuda. Imagino que amar es eso: despedirse de quien quiere marcharse ya y acoger a quien viene de lejos para intentar tener por fin un hogar lejos de su bandera y unas fronteras que matan.
19/04/2015: El peor naufragio de las últimas tres décadas. Hubo más de mil personas muertas. Fotografía de la patera a 32 km de Líbia. Autor: Massimo Sestini.
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